¿A qué huele el tiempo? La nariz de los perros ¡es un reloj!

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Estás sentado/a y de repente llega tu perrito a molestarte porque ya sabe que es lo hora de que lo saques a pasear. “¿Cómo lo supo?”, podrías pensar. No es como que los perros tengan un celular o un reloj que les diga qué hora es, entonces ¿cómo le hacen para saber a qué hora les damos de comer, cenar y los sacamos a pasear? La respuesta está en sus narices. No la de ustedes, sino la de ellos: la nariz de los perros sirve para que puedan medir el tiempo (y drogas en el aeropuerto, aguas).

Alexandra Horowitz nos comparte información fascinante de lo que pasa en la mente de los perros basándose en su sentido del olfato, que es como se relacionan principalmente con el mundo.

Horowitz es fundadora de un laboratorio que estudia específicamente perros en Barnard College y autora del libro Being a Dog. En ese último explica ampliamente su teoría respecto al tiempo y los perros:

“Aunque un día puede tener nuevos olores, sus horas marcan cambios de aroma que los perros notan. Los perros huelen el tiempo.”

Sabemos que hay perros que huelen drogas (aguas…), cáncer… ¿pero el tiempo?

¿A qué huele el tiempo?

A comparación de nuestro sencillo sentido del olfato, el de los perros es más complejo. Esta teoría tiene todo el sentido si tomamos en cuenta su punto de vista (o de olfato, más bien). Los humanos, por ejemplo, somos seres visuales, entendemos el mundo primordialmente a partir de lo que vemos. Los perros, por el contrario, son criaturas olfativas; definen su mundo a través de los aromas.

De hecho, comparar nuestros ojos con su nariz es bastante injusto: los perros tienen algo que Horowitz describe como “olfato estéreo”. Lo llama así porque sus fosas nasales trabajan independientemente la una de la otra.

A diferencia de nuestra vista, en donde las imágenes entran a nuestros ojos para construir una realidad tridimensional, cada fosa nasal ayuda a que el perro localice la fuente del olor en el espacio, ya sea a la derecha o a la izquierda, arriba o abajo.

Ambas fosas receptoras mandan información diferente a su cerebro, por eso es preciso decir que su agudeza para percibir el exterior es mayor y mejor que la de nosotros.

El paso del tiempo sí tiene olor, es sólo que nuestra nariz no es lo suficientemente compleja para detectarlo. Pero quizás si un día prestamos mayor atención a nuestro sentido del olfato, podamos notar cómo huele la mañana (a desayuno), la tarde (a sol caliente) y la noche (cuando quizás no huele, pero el aire sólo es más frío). Ahora imaginen estos olores a la trillonésima potencia y seguramente, podríamos entender cómo funciona su reloj a partir de sus mojadas, suaves y mocosas narices.


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